miércoles, 16 de mayo de 2018

¡Oh Espíritu Santo!, llena de nuevo mi alma con la abundancia de tus dones y frutos. Haz que yo sepa, con el don de Sabiduría, tener este gusto por las cosas de Dios


Que sepa, con el don del Entendimiento, ver con fe viva la importancia y la belleza de la verdad cristiana.
Que, con el don del Consejo, ponga los medios más conducentes para santificarme, perseverar y salvarme.
Que el don de Fortaleza me haga vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe y en el camino de la salvación.
Que sepa con el don de Ciencia, discernir claramente entre el bien y el mal, lo falso de lo verdadero, descubriendo los engaños del demonio, del mundo y del pecado.
Que, con el don de Piedad, ame a Dios como Padre, le sirva con fervorosa devoción y sea misericordioso con el prójimo.
Finalmente, que, con el don de Temor de Dios, tenga el mayor respeto y veneración por los mandamientos de Dios, cuidando de no ofenderle jamás con el pecado.
Lléname, sobre todo, de tu amor divino; que sea el móvil de toda mi vida espiritual; que, lleno de unción, sepa enseñar y hacer entender, al menos con mi ejemplo, la belleza de tu doctrina, la bondad de tus preceptos y la dulzura de tu amor. Amén.
II
Ven Espíritu Santo, inflama mi corazón y enciende en el fuego de tu Amor. Dígnate escuchar mis súplicas, y envía sobre mí tus dones, como los enviaste sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.
Espíritu de Verdad, te ruego me llenes del don de Entendimiento, para penetrar las verdades reveladas, y así aumentar mi fe; distinguiendo con su luz lo que es del buen, o del mal espíritu.
Espíritu Sempiterno, te ruego me llenes del don de Ciencia, para sentir con la Iglesia en la estima de las cosas terrenas, y así aumentar mi esperanza; viviendo para los valores eternos.
Espíritu de Amor, te ruego me llenes del don de Sabiduría, para que saboree cada día más con qué infinito Amor soy amado, y así aumente mi caridad a Dios y al prójimo; actuando siempre movido por ella.
Espíritu Santificador, te ruego me llenes del don de Consejo, para obrar de continuo con prudencia; eligiendo las palabras y acciones más adecuadas a la santificación mía y de los demás.
Espíritu de Bondad, te ruego me llenes del don de Piedad, para practicar con todos la justicia; dando a cada uno lo suyo: a Dios con gratitud y obediencia, a los hombres con generosidad y amabilidad.
Espíritu Omnipotente, te ruego me llenes del don de Fortaleza, para perseverar con constancia y confianza en el camino de la perfección cristiana; resistiendo con paciencia las adversidades.
Espíritu de Majestad, te ruego me llenes del don de Temor de Dios, para no dejarme llevar de las tentaciones de los sentidos, y proceder con templanza en el uso de las criaturas.
Divino Espíritu, por los méritos de Jesucristo y la intercesión de tu Esposa, María Santísima, te suplico que vengas a mi corazón y me comuniques la plenitud de tus dones, para que, iluminado y confortado por ellos, viva según tu voluntad, muera entregado a tu Amor y así merezca cantar eternamente tus infinitas misericordias. Amén.
III

Amor infinito y Espíritu Santificador:
Contra la necedad, concédeme el Don de Sabiduría, que me libre del tedio y de la insensatez.
Contra la rudeza, dame el Don de Entendimiento, que ahuyente tibiezas, dudas, nieblas, desconfianzas.
Contra la precipitación, el Don de Consejo, que me libre de las indiscreciones e imprudencias.
Contra la ignorancia, el Don de Ciencia, que me libre de los engaños del mundo, demonio y carne, reduciendo las cosas a su verdadero valor.
Contra la pusilanimidad, el Don de Fortaleza, que me libre de la debilidad y cobardía en todo caso de conflicto.
Contra la dureza, el Don de Piedad, que me libre de la ira, rencor, injusticia, crueldad y venganza.
Contra la soberbia, el Don de Temor de Dios, que me libre del orgullo, vanidad, ambición y presunción.
Cortesía de:
Devocionario Católico

martes, 15 de mayo de 2018

Coloca tus problemas en las manos de Dios



Mi vida te la ofrezco, te entrego todo lo que soy y todo lo que tengo mis posesiones, mis logros, mis éxitos y mis fracasos, todo lo pongo en tus manos para que lo renueves con tu poder.  
Te pido perdón mi Dios y Salvador, ayúdame Señor no me dejes solo, (DECIR TUS PROBLEMAS), es tu promesa venid a mi todos los que están cansados cargados y agobiados que yo los haré descansar.
Escucha mi oración Señor si es para mi bien y no me abandones. Gracias Señor, gracias mi Dios Salvador

martes, 8 de mayo de 2018

Los hombres deben "unir sus fuerzas para procurar al menos un mínimo de alivio, de bienestar, de seguridad, de justicia, necesarios para la felicidad de las numerosas poblaciones que carecen de ella. Tal acción solidaria es ya obra de Dios y corresponde al mandamiento de Cristo" Pablo VI


Las alegrías de la vida humana son parte integrante de las promesas y bendiciones de Dios: la alegría incontenible de vivir, la alegría del esposo y de la esposa, la alegría de los hijos, la alegría del deber cumplido, la alegría de la obra bien hecha, la alegría limpia de la pureza, la alegría compartida de la amistad, la alegría del servicio generoso a los otros.


El Deuteronomio, expresa de modo concreto la felicidad que espera a quien escucha la voz de Dios: "Bendito seas en la ciudad, bendito seas en el campo, bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu suelo, el fruto de tu ganado, las crías de tus reses y el parto de tus ovejas; bendita tu cesta y tu artesa, bendito seas al entrar, bendito seas al salir; que el Señor te entregue ya vendidos los enemigos que, se alcen contra ti: saldrán contra ti por un camino, y por siete caminos huirán; que el Señor mande contigo la bendición, en tus graneros y en tus empresas, y te bendiga en la tierra que va a darte el Señor tu Dios" (Dt 28, 3-8).

Yo daré paz a la tierra y dormiréis sin que nadie os turbe; haré desaparecer del país las bestias feroces, y la espada no pasará por vuestra tierra. Lev 26:6


Dios estimula la fuerza creadora del hombre. El ser humano crea no sólo por medio del trabajo, sino también en el juego y en la fiesta. El hombre se realiza homo ludens, hombre que juega, que se eleva por encima de las necesidades inmediatas de su existencia, que se libera de las tareas rentables para disfrutar de la convivencia y de la fiesta. La exhortación de Jesús a no andar agobiados por la vida muestra un rasgo esencial del ser humano redimido